Un esternón que calla

Los mundos sin pantallas negras, donde el vacío sea verdaderamente un hueco, una nada asfixiante, una nada consoladora.

Las formas de luces describen tu sino.

Las olas chocan contra tu esternón, y lo deforman.

Tratas de volar cual pájaro en la tormenta, pero te conformas con escarbar incesantemente en la tierra como una lombriz, siempre temerosa de los carbohidratos, de la subida del precio de la gasolina, de las escenas pornográficas que parecen violaciones, de los mensajes de whatsapp en visto.

Te consuela el sol del desierto, que quema la piel pero abraza, cuya lengua de fuego carroñera se vanagloria de ser dueña de tu estupidez, que logra condensar en llamas lo que tu corazón no se atreve a dar la bienvenida.

El ecologismo ha dicho “¡Basta!” contigo; eres un animal que merece estar en peligro de extinción. Nunca un alma tan defectuosa luchó tanto por desmitificar las teorías darwinianas.

Nunca un gen egoísta se pavoneó tanto sin mostrar la alquimia del hueso y la carne.

Hay descargas fortuitas pero con razón, que golpean todo lo que ya está entumecido.

Viejas brujas que amasan las pieles de los caídos y extraen su poder de las dichas no contempladas, de las patrias imaginarias, de las fábulas mentales.

Calla el delirio y el vicio amorfo de John Fahey.

Camino por las calles desiertas de Utiel con el miedo a encontrarme a mi yo niño, el yo niño que se disfrazaba de duende de los bosques, se ponía máscaras de gato y rebuznaba a destiempo.

*

Me fascina la paranoia, los guisos de huevo y tomate de mi padre, la banalidad de las ruedas de prensa, la sensibilidad de mis vecinas, el hilo rojo que (me) extiendes.

No soporto las exigencias (a destiempo), las propuestas (sin pulir), las aplicaciones en período de prueba, cuando te pones en modo nocturno.

*

Tengo terror de mis padres migrantes,

siempre con la mirada puesta en la huida.

¿Así resuelves todo,               papá?

¿Vas a volver a hacer lo que él diga, mamá?

Más terror me da la herida del nacimiento,

lo oculto en la parte oriental del aquí.

¿Qué fue tan malo como para abandonar el ALLÍ

donde uno se encuentra con solo 20 años?

¿Cómo lo hicieron para reconstruir(se),

para recomponer(se),

para resistir?

¿Cómo para criar una prole que maldice un lugar que nunca ha visitado,

que sueña en un idioma que desconoce,

que vive en otro que siempre le será extranjero?

¿Qué es tan bueno como para quedarse?

¿Qué sueño europeo es

ser

la china que vende cerveza,

el chino del pueblo,

la china del Hormiguero,

el chino de Física o química,

la china del chino?

                        Ese no es mi sueño.

Mi sueño es ser la sangre que fluye de la herida migratoria,

la reina valenciana de la pólvora bendecida por mis ancestros.

Mi sueño es que no me separen de mi padre y de mi madre

en una fila para extranjeros y otra para europeos,

que embarquemos por la misma puerta,

que volemos juntos adonde

los pasaportes sean

una obscenidad.