Inmaterial

¿Cómo estás? No han sucedido demasiadas cosas desde que nos miramos por última vez. ¿Qué extraño, no? Supongo que mi mundo siempre fue el del solipsismo más aterrador. Últimamente resbalo en los tejados de hogares rotos, esquivo el olor alquitranado de los sentimientos coagulados, y estoy nostálgica por amores no recíprocos que no merecen ni este homenaje.

Sigo intentando terminar de escribir mi novela. Me he atascado en la escena en que la protagonista lanza el tazón de arroz con fuerza a la chimenea. Se le llenan los ojos de cenizas y fantasea con coserse los párpados. Así es de disfuncional: hilo y aguja para cerrar heridas espirituales. No sé cómo resolver el conflicto a partir de ahí. ¿Hay solución para una vida que ha encontrado el sentido en enamorarse de torbellinos y vomitar empachada?

Creo que el lenguaje es una herramienta absolutamente insuficiente e inexacta para expresar nada. Nunca me entendiste. Cada una de mis palabras fueron malinterpretadas. No es mi culpa, no es tu culpa. Es el precio de la vulnerabilidad sometida a los templos construidos sobre lágrimas. La rosa de Pizarnik no es la que nos pulveriza los ojos. Somos nosotros mismos los que fetichizamos el arder de una persona para otra. Te quemé dentro de la piel del oso de Midsommar, y buceé en la viscosidad de la inconsciencia. Buscando la calidez, la hoguera se me fue de las manos, porque aún lo calibro todo midiendo los sabores fuertes de la carne y la fruta.

Echo de menos tu ternura y entusiasmo, pero no encontrar belleza en tu oscuridad desvió nuestros caminos. No ceno en solitario, me acompaña la dulce voz de Chet, mientras retiro una a una las astillas de la piel que cubre mi calavera: they are writing songs of love but not for me… Joder, esa canción sí que parece escrita para mí.

No tomarás nunca en serio nada que no dependa directamente de ti. Ni el amor, ni la amistad, ni la gloria. Qué sabio era Pavese. Como me dijiste, la vida no es una novela. “Si no puedes escribir, ¡vive!”. Me lo pusiste muy fácil: lo nuestro fue dolorosamente artístico, no hubo materialidad. Tenía que aprender esta lección con alguien, y me alegra que haya sido contigo, aunque ojalá no hubiera hecho falta.

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