Madrigueras artificiales

Juega con las palabras, fuerza a Kafka a cruzar la orilla.

Elogia los días largos y las noches más suaves que las pieles de los ahogados.

Escribe y háblate con voz de ultratumba.

Date instrucciones claras y precisas porque en tu solipsismo eterno te quedaste atrapada en tu cámara de eco.

Rompe el convento por dentro y viste los harapos que le correspondan a tu nivel espiritual.

Di adiós a los desayunos y saluda a la cruz que se eleva en el buffet de los empaches.

Duerme aunque no te duela la espalda.

Ignora los tormentos físicos igual que te curas los tormentos espirituales: con hilo, aguja y ortopedia química.

Deja que fluyan las gotas de cansancio por este ente material, que resbalen hasta los lugares que más te avergüenzan, que marquen el ritmo de la bienvenida solitaria.

Asústate de los rayos que se elevan y refúgiate en las madrigueras artificiales.

Ingéniatelas, porque vas a salir de esta, pero en el peor de los casos, no sabrás cómo, cuándo ni por qué.

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