Marouane

Tengo piernas

y no raíces

y la abundancia y el hambre

están separadas

por solo unos pasos.

No conozco la suerte

pero me la imagino.

Me he quedado prendado de las nuevas predicciones,

de la nueva afinación de la cuerda que afirma,

de la que niega,

de la que enaltece,

de la que culpa,

de la que nace,            de la que mata.

El reloj del sol refleja mis deseos

y me habla

sobre cruzar y cuadrar el círculo,

sobre la vida de insolencia

que he pagado

con

encierro,

humillación

y obediencia.

No me arrepiento.

Yo solo lo siento…

por mi madre

por dar a luz a uno de los condenados de la tierra.

Solo lo siento por mi madre,

porque me quieren redimir

de la pobreza y           la no pertenencia.

Solo lo siento por mi madre,

porque mis verdugos han pensado que

20 años

20 años es una edad suficiente para roer el cableado de mis

sueños.

Qué placer hacer lo correcto,

dicen,

qué placer la moral judeocristiana,

sienten,

qué placer fustigar la servidumbre.

Perdóname por rendirme, mamá,

las dificultades no me hicieron más fuerte,

me hicieron más

amargo, me hicieron

más seco. Mamá, si tu tristeza es un pantano,

la mía es un desierto.

Mamá, la cotidianidad me eriza el pelo

en cada descanso,

me pide silencio

en cada tregua.

Y ahora solo me duele un recuerdo… de ti.

El de cuando me cortabas el pelo de pequeño,

y no imaginabas

el óxido en mis dientes,

el bote de lejía del que he

bebido,

el saltamontes en el alféizar de la ventana

de la que he saltado.

Mamá, ¿cómo ibas a prever que viviría en un zoo animal,

en la feria de un gobierno criminal,

con la quietud de un insecto ciego?

Que lloraría                sangre

en el regazo de           alguien

que acariciaría mi calavera con ternura,

que caminaría entre campos de naranjas,

que combatiría la        apatía acostumbrada,

alguien a quien el dolor de estómago no le ha enfriado la

mirada,

alguien que reinicia cada ayer con estas

palabras,

alguien con mi voz, que permanece

mi voz, que ha tocado su corazón

y el de tantos otros

mi voz, que resuena en su garganta

y en la de tantos otros,

mi voz, que es la otros que    no        son      otros

que somos                              nosotros

porque mi voz

se ha quedado

atascada

cada último martes

de mes

enfrente de una puerta

azul.

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